Sin pensarlo dos veces, es posible afirmar que la comida mexicana es una de las más ricas del mundo. Además, su versatilidad hace que mucha gente de otros países se maraville de la alta cantidad de platillos y formas de preparar cientos de alimentos diferentes. No es banal que nuestra típica cocina nacional destaque en el mundo y que lo haya logrado respetando sus tradiciones y sus cientos de años de historia y sincretismo.

Basta con pasear un día por las céntricas calles de las distintas ciudades a lo largo de todo el país y entrar en esos lugares (algunos grandes, pero la gran mayoría acogedoramente pequeños) en donde la alta variedad de alimentos mexicanos está presente todos los días: las famosas fondas, espacios pintorescos en donde se sirve desde una generosa arrachera asada hasta las preferidas enchiladas verdes gratinadas, sin olvidar las clásicas sopas de fideos, consomé de pollo o el delicioso arroz con huevo montado. Por supuesto, hablamos del singular esquema de comer rico y rápido bautizado como Comida Corrida.

¿Cuál es su origen?

Existe la controversia. Ciertos cronistas afirman que se remonta a los tiempos del Porfiriato, cuando en las zonas alejadas de lo que era entonces la Ciudad de México (como las colonias Tacuba, Narvarte o Mixcoac) se empezaban a asentar diversos negocios, como fábricas, alejadas de las casas de los trabajadores, quienes se veían obligados a buscar opciones económicas para comer. El boom vino en siglo XX, cuando con el crecimiento y expansión urbana del país que se dio a partir de las décadas del Cincuenta y Sesenta, las concentraciones urbanas empezaron a demandar mayores servicios para la gran cantidad de trabajadores que salían una hora de sus centros laborales para buscar algo que comer que tuviera “las tres B”: Bueno, Bonito y Barato.2

La clave era comer rápido, aunque no por ello hacerlo de manera deficiente, sino que los platillos y forma de comer rememora ese calorcito del fogón casero; la comida corrida cumplía (y cumple hasta la fecha) con dichos parámetros. Existe una historia dentro del colectivo popular que indica que el adjetivo de “corrida” se debe a que se comía en poco tiempo, por lo que debían apurarse, o “correr”, para poder estar a tiempo de regreso en sus centros de trabajo. Pero quizá el motivo de tan singular nombre sea que todos los tiempos se sirven uno tras otro, según va terminando el comensal, es decir, se sirven los platillos “de corrido”.

¿En qué consiste?

Una comida corrida cambia todos los días y consta de dos a tres opciones a escoger de sopa aguada (por ejemplo, verduras, pasta o consomé de pollo), arroz o espagueti, 3 guisados o platos fuertes y un postre sencillo. Por supuesto, no pueden faltar los acompañantes sin costo extra como tortillas suavecitas, frijoles negros en bola o refritos, y salsas de distintos colores y texturas.

Por supuesto, en la variedad está el gusto, como afirma la gente. Para muchos, su ideal es comer tradicionalmente los tres tiempos, mientras que para otras personas con el primer tiempo y el plato fuerte tienen. Sin embargo, todos los comensales que asisten diariamente a la fonda van cambiando día con día su preferencia: por ejemplo, una ocasión los elegidos sean la sopa seca como coditos con crema, o bien, el espagueti a la mantequilla; otro día quizá se antoje el clásico arroz rojo con (por un costo extra) un huevo estrellado, plátano macho frito o plátano Tabasco fresco. Al igual que la sopa, en la comida corrida se ofrece por lo menos dos tipos de guisados a escoger, y son los mismos que se acostumbran en los hogares mexicanos, como asado de res, albóndigas, tacos dorados de pollo, tacos de carne asada, filete de pescado, croquetas de atún, tortitas de papa, pollo en salsa verde o roja, entre muchos otros.

Y para hacer más delicioso a cualquiera de estos platillos, no puede faltar un Del Valle Frut, que es sencillo de tomar y contiene todo el sabor del jugo de fruta en sus diferentes presentaciones: citrus, guayaba, uva o manzana. De esta manera cerrarás de manera espectacular tu comida.


 

Comer “de rapidito pero bien” es un mandatorio en todos los gustos y apetencias. Así que, ya sea unos taquitos de asada, un arrocito blanco o rojo, un entomatado de cerdo o unas enchiladas… a ti, ¿qué se te antoja para acompañarlo con un Del Valle Frut?