¿Consumes cereales, alimentos hechos a base de semillas además de frutas y hortalizas? De ser así, entonces puedes tener la seguridad de que estás incluyendo fibra dietética a tu alimentación.

¿Por qué? Bueno, según la American Association of Cereal Chemist, ésta se define como “la parte comestible de las plantas o hidratos de carbono análogos que son resistentes a la digestión y absorción en el intestino delgado, con fermentación completa o parcial en el intestino grueso”.

Y su consumo podría ayudar al sistema digestivo a su funcionamiento, además de que podrían tener algunos beneficios para el colesterol y glucosa.

Ahora, debes saber que hay diversos tipos de fibras, las cuales se dividen en solubles e insolubles. La diferencia principal radica en que las fibras solubles  atraen agua durante el proceso de digestión para convertirse en un gel de lenta absorción. Por otro lado, las fibras insolubles no tienen esta característica y ayudan a que el alimento recorra más rápidamente el tracto digestivo.

La fibra soluble se encuentra en las semillas (como la soya, las almendras y las nueces), pero también en la cebada, los frijoles, las lentejas, los chícharos y en algunas verduras y frutas como las manzanas, peras y cítricos.

¿Sabías que este tipo de fibra retrasa la absorción de carbohidratos y grasas?

Por otro lado, la insoluble, que fomenta el tránsito digestivo y se encuentra en granos integrales, cereales de trigo y vegetales como: zanahorias, apio y tomates, entre otros.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO),  investigadores como Trowell y Burkitt enunciaron hace décadas la hipótesis que dictaba: la deficiencia de fibra dietética se relaciona con la existencia de problemas de salud en los países desarrollados.

Así que ahora ya lo sabes, incluir alimentos con fibra (soluble e insoluble) como parte de una dieta correcta te puede aportar beneficios en el funcionamiento de tu tracto digestivo y en la adecuada digestión.