Además de su calidez y solidaridad, el sentido del humor es uno de los elementos principales en el ADN de los mexicanos. Y es que es indudable que nuestra forma de disfrutar la vida resulta contagiosa.

No en vano somos el cuarto país del mundo que consume más gifs (Graphics Interchange Format) detrás de Estados Unidos, India y Corea del Sur. Gracias a estas animaciones que tienen una duración entre dos a cinco segundos y que muestran gráficos sin sonido, es posible reflejar un estado de ánimo, mandar una felicitación o compartir un recuerdo.

Vía Twitter, Facebook o Whatsapp, diariamente, los mexicanos envían y reciben muchos gifs. Los más recurrentes en México nos remontan al pasado cercano, específicamente a la nostalgia de las telenovelas de los noventa, películas clásicas o personajes de la cultura popular, que nos ayudan a expresarnos de forma muy divertida #ALaMexicana.

Pero nuestra creatividad no tiene límites y los memes también son una gran prueba de ello.  De acuerdo con cifras de Nielsen, el 35 por ciento de la población mundial visita al menos una vez al mes sitios relacionados con este tipo de contenido digital.

Con una sencilla representación gráfica y un breve texto, resulta fácil generar memes e invitar a otros a compartirlos con inmediatez. Futbol, política y espectáculos con personajes famosos son algunos de los temas más abordados que bien sirven para denunciar, cuestionar, criticar, tomar conciencia o, simplemente, burlarse de algo.

Es tanta la devoción por el meme, que recientemente se llevó a cabo el Primer Festival Internacional de Cultura Viral en México.  Durante tres días se exploró este tema a través de conferencias, exposiciones y talleres. Y es que, más allá de lo evidente, hoy en día es necesario entender su iconografía y el sentido de sus mensajes.

Al igual que Sidral Mundet, tanto los gifs como los memes, son reflejo del ingenio y el sentido del humor #ALaMexicana. Capaces de comunicar de forma visual y concisa un sin número de emociones y opiniones, han revolucionado las redes sociales y nuestra forma de relacionarnos. Y lo mejor: son un claro ejemplo de que no necesitamos mucho para reírnos, ¡hasta de nosotros mismos!