Ser papá es una de las tareas más gratificantes del ser humano porque implica la responsabilidad de orientar y educar a los hijos para descubrir el mundo. Nosotros no pasamos desapercibido el mes del padre y por eso platicamos con 3 papás que además son chefs. Abel Hernández, Azari Cuenca y Fausto Franco nos comparten, desde sus cocinas, algunas de las lecciones de vida que aprenden a diario en compañía de sus hijos

Hay que probar de todo

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“Me gusta Sprite Zero. Lo disfruto mucho a lado de ese asador en Cuernavaca”.

@chefabelmx

Las horas que pasa Abel Hernández en el trabajo son muchas. Le apasiona hablar de los sabores, las recetas, las preparaciones en Eloise, Loretta o Margaret. No obstante, el brillo de sus ojos es más que evidente cuando recuerda las anécdotas que ha vivido con sus hijos: Abel de 8 años y Bruno de seis.

Los dos pequeños han crecido rodeados de experiencias gastronómicas. Sin embargo, Abel chico “salió difícil” para la comida porque “no le gusta comer absolutamente nada”. Pese a esto, el chef tuvo la buena idea de involucrar a su primogénito en su profesión: le asignó el puesto para probar los platillos de su restaurante. ¡Una tarea que muchos quisiéramos!

“Cuando íbamos a abrir Loretta le dije: mi’jo, tengo un problema, necesito que pruebes todo y él me respondió que yo sabía que a él no le gusta. Sin embargo, cuando le comenté que cómo iba a saber si algo estaba bueno para recomendarlo a un niño, me dijo: ‘es chamba, es por el changarro, va. Tengo que probar todo’”.

Bruno es todo lo contrario a su hermano. A su corta edad es un antojadizo y un aventado a probar todo lo que se le cruce por enfrente. “Bruno todo el tiempo puede estar comiendo. Una vez vimos hormigas chicatanas y me preguntó qué eran y para qué servían. Yo le estaba diciendo que se pueden usar en salsas y moles y que son muy sabrosas; me volteo y cuando lo vuelvo a ver ya había agarrado la hormiga y se la había llevado a la boca”.

En casa, los platillos sencillos y comfort food como sopa de pasta, arroz y frijoles nunca faltan en la mesa. Y aunque la competencia por el mejor sazón es reñida, ya que la esposa de Abel, Nasheli Martínez, también es chef, el encargado de preparar el menú mañanero de los fines de semana es Abel. Eso sí, cuando se trata de salir a algún lugar o a la casa que tienen en Cuernavaca, los asados acompañados de un Sprite Zero bien frío, son la opción

“Es el momento en el que llevamos muchas cosas en crudo y todo al asador. Es el momento en el que dices: estoy haciendo lo que me gusta, con la gente que me gusta. Es mi momento favorito de la vida”. 

Despierta los sentidos

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“Yo tomo Coca-Cola Light, con hielos, muy fría. Me gusta mucho”.

@chefazari

Para Azari Cuenca cocinar es una de las mejores terapias entre papá e hijos. Él tiene tres: Mía y Taíz, mellizas de 12 años, y Nicolás de 4 años, con quienes ha hecho de esta actividad una experiencia en la que se aprende jugando gracias a los sentidos del tacto y el gusto.

Los hijos de Azari cambiaron la dinámica de su rol profesional para convertir la cocina, en un espacio de confianza. “Es muy divertido cocinar con los chamacos porque te hacen preguntas que no te esperas: ‘¿y por qué le pasó esto a este ingrediente?, ¿y por qué si le pongo agua o le pongo sal sucede esto, pá?’”.

Azari también tuvo una figura masculina que le enseñó a amar la cocina. Su primer maestro fue su abuelo, un hombre de origen francés que era vitivinicultor y amante de la buena comida. “Le encantaba la cocina veracruzana, freír plátanos, hacer los frijoles negros”.

Azari tiene más de 30 años como profesional de los fogones. Hoy en día está al frente del restaurante Balmori. Es un apasionado del maíz y de los productos del mar. Pero si se trata de algo para beber, el chef señala que esta elección depende del momento: “el clima, la compañía y hasta el horario, no tomas lo mismo en la mañana que en la tarde o la noche”. De nuestro portafolio, un deleite para su paladar es una Coca-Cola Light con muchos hielos.

En casa le encanta preparar lo que él llama “comida para niños”: un pan francés con quinoa, hot cakes con kale, “cositas muy sencillas que les gustan mucho”.

Como suele pasar, los gustos de los hijos son diversos. Mía es amante de todo lo dulce. El platillo favorito de Taíz es el pescado a la sal, y Nicolás se está definiendo todavía, pero le encantan los waffles con quinoa. Algo que al chef le enorgullece es que sus hijos tienen un archivo muy amplio de olores y de sabores, y un ingrediente que le gusta a los tres es el aguacate.

Su profesión ha impactado de manera positiva a sus hijos. Sobre todo en Mía y Taíz, en quienes despertó el deseo de cocinar desde pequeñas: aprendieron a deshojar perejil y a pelar papas, y Taíz participó en la competencia Master Chef Junior. Nicolás aún es muy pequeño, no obstante, ya ha hecho sus pininos gastronómicos estirando pasta para pizza.

“A los 9 años mis hijas ya hacían un pescado a la sal perfecto y hasta se acercaban a las mesas con los clientes para decirles: ‘si no les gusta no me lo pagan’. Mía es muy buena repostera. Taíz es muy buena cocinera, cada una tiene su gusto”.

Para Azari, el que un niño aprenda a probar muchos sabores significa abrirle no solo los sentidos y la sensibilidad sino el mundo del paladar. “Yo siempre he dicho que la mejor entrada para conocer un país es por la boca, ‘oliendo el país’. Entonces, te perderías mucho si no les enseñas eso a tus hijos”.

Experimentar en la cocina

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“Coca-Cola es una bebida que te acompaña a lo largo de la historia (...) cuando salió Coca-Cola Sin Azúcar pensé: ahora me puedo tomar una más”.

Si bien Fausto Franco no es chef de profesión, lleva el gusto por la comida en la sangre. Desde que era niño, su padre le enseñó el amor por los sabores y esa pasión gastronómica él también se la heredó a sus dos hijas: Paola de 17 años y Diana de 9 años.

En Cocina Cariño la especialidad son las pizzas, pero en casa a Fausto le gusta experimentar y cocinar con lo que hay en la alacena. Eso sí, los ingredientes que jamás le pueden faltar son el aceite de oliva, ajo, cebolla, apio y zanahoria. “Ese tipo de básicos que le dan sabor a las cosas y son elementos que están presentes en diferentes continentes y encuentras en varios platillos”.

En su casa, las delicias están a la orden del día porque su esposa es chef-repostera. Sin embargo, cuando se trata de prepararle una pasta a Paola o unas tapas a Diana o unos ricos huevos para el desayuno, él es el encargado de encender la estufa. “Nuestras hijas tienen un conocimiento gastronómico diferente. Ellas conocen lo mismo de jugueterías que de charcuterías o panaderías y saben distinguir entre una y otra cosa”.

Fausto es de esos papás consentidores que la mayoría de las veces le da gusto a los antojos de sus hijas pues afirma que para él el momento de compartir los alimentos “te conecta y te regresa un poco a ese principio básico de quién eres y dónde te encuentras en ese tiempo-espacio”. Además, para cerrar con broche de oro, elige tomar Coca-Cola Sin Azúcar.

Compartir los buenos momentos es el regalo más grande. ¡Celebremos todos los días a nuestros papás!