No cabe duda que el vibrante y alegre rosa mexicano es un color emblemático de nuestro país. Basta recorrer los mercados, los museos y las calles para apreciar su poderosa presencia lo mismo en juguetes y artesanías, que en dulces típicos y fachadas de edificios.

También llamado fucsia o magenta, obtuvo su nombre gracias a Ramón Valdiosera, un reconocido pintor, escritor, director de cine y teatro, historietista y diseñador de modas originario de Ozuluama, Veracruz, quien falleció este año (2017).

Tras viajar por el interior de la República, recolectando diversos trajes típicos, Valdiosera se volvió un gran defensor de la moda mexicana tradicional y montó un taller donde adaptaba elementos de los atuendos regionales a siluetas contemporáneas.

Dentro de ese marco, en 1949, el artista presentó en el Hotel Waldorf-Astoria, de Nueva York, un desfile de moda en el que esta tonalidad cobró gran protagonismo. Al finalizar el evento, los periodistas le preguntaron sobre el origen de este peculiar color “bugambilia” y él respondió que forma parte de la cultura mexicana, estando presente desde en los trajes de los indígenas hasta en la arquitectura urbana.

Fue entonces que Perle Mesta, afamada crítica de moda y socialité, respondió "...so it is a Mexican Pink" (“...entonces es un rosa mexicano”), por lo que a partir de ahí, se le conoció con este nombre.

Gracias a esa anécdota, surgió el color que derribó fronteras e, incluso hoy, sigue siendo parte de nuestra identidad, ya que está presente en el símbolo oficial de turismo de la marca México, en las últimas dos letras del logotipo de la CDMX, así como en los taxis que circulan por la ciudad y algunos turibuses. Incluso, la línea 1 del metro de la capital fue entintado con este distintivo color.

Así, el impacto del rosa mexicano no tiene fecha de caducidad y se manifiesta en diferentes disciplinas. En pintura, Rufino Tamayo lo usó para enriquecer los trazos en algunas de sus cuadros con sandías. En arquitectura viste los diversos edificios diseñados por el arquitecto Ricardo Legorreta.

En artes escénicas, como la danza, cobra fuerza en los vestidos tradicionales del Ballet Folklórico de Amalia Hernández (con quien Valdosiera tuvo una gran amistad); mientras que en la moda, la firma Pineda Covalín le rinde tributo en sus mascadas, chalinas, carteras y bolsas. Incluso, en el gremio del diseño industrial, las famosas sillas Acapulco se distinguen por poseer esta vibrante tonalidad.

Por eso y muchas cosas más, el rosa mexicano es distintivo de México, un acento vívido que le da carácter a cualquier objeto. Es sinónimo de alegría e intensidad, que muestran la pasión con las que se hacen las cosas #ALaMexicana y definitivamente se ha ganado un lugar como uno de nuestros colores nacionales.