Hacer ejercicio al aire libre es una tendencia que cada vez suma más adeptos. Estar en contacto con la naturaleza podría hacernos sentir mejor física y psicológicamente, la recreación en lugares abiertos es un comportamiento que heredamos de nuestros ancestros, quienes durante miles de años sólo conocieron la vida en espacios naturales.

El 31.1% de los adultos alrededor del mundo llevan vidas sedentarias y muchos de los que sí hacen ejercicio lo practican en lugares cerrados como: gimnasios, salones deportivos o en casa. Para quienes viven en ciudades, realizar deportes al aire libre no siempre es una opción viable, ya que el acelerado crecimiento urbanístico no ha dejado, en algunos casos, sitio para espacios verdes.

El psicoanalista estadounidense, Erich Fromm, plantea una hipótesis que propone que los humanos nacemos con un vínculo que nos conecta emocionalmente con otros organismos vivos, sugiriendo que el contacto con lo natural es una necesidad biológica.


De manera que practicar ejercicio en contacto con la naturaleza puede ser la forma en que volvamos a retomar ese lazo que, por momentos, parece estar roto y que al final, puede  beneficiarnos de muchas formas:

  1. Afuera es más fácil: el ejercicio puede resultar más sencillo si se realiza en un ambiente abierto. Durante un experimento, se pidió a los participantes que caminaran rápidamente en dos ambientes: uno cerrado y uno abierto. Al estar al aire libre, los sujetos caminaron más rápido, pues sentían que debían esforzarse menos.

  2. Buen humor: así como la música mejora nuestro ánimo, el verdor de un lugar puede distraernos de lo que sea que estemos haciendo. Al estar entretenidos, alejamos las sensaciones psicológicas negativas, haciendo que hagamos ejercicio más intenso y con mayor motivación.

  3. Mente sana: la actividad física en espacios abiertos podría causar mayor sensación de vitalidad y mejorar nuestra auto-percepción física, lo que contribuye con el aumento del autoestima. Esto fue comprobado en un experimento conducido en la Universidad de Essex, en Inglaterra, en el que evaluaron los cambios psicológicos de un grupo de personas luego de una sesión de ejercicio verde. Otro estudio conducido en la Universidad de Chiba, en Japón, comprobó que los pacientes disminuían sus niveles de adrenalina, noradrenalina y cortisol (la hormona del estrés) luego de caminar por un bosque.

  4. Sin presiones: tras una sesión de ejercicio verde, la presión arterial vuelve a sus niveles normales de forma más rápida.

  5. Constancia: al ponernos de buen humor y disminuir la sensación de esfuerzo, el ejercicio verde tiene más probabilidades de convertirse en hábito.

De acuerdo con la organización Children and Nature, el contacto con la naturaleza es importante durante la infancia, pues jugar en áreas verdes contribuye al desarrollo de las capacidades creativas de los pequeños, de solución de problemas y la evolución emocional e intelectual de los niños y adolescentes.

Pero lamentablemente, al estar más tiempo en zonas urbanizadas y rodeados de tecnología, puede que los pequeños sean más propensos a sufrir un trastorno por falta de contacto con la naturaleza, es por eso que resulta importante que los padres, dejen a un lado los miedos y se animen a experimentar vivencias al lado de los niños en espacios abiertos desde temprana edad.


Pero podemos cambiar nuestra actitud hacia la naturaleza, sólo debemos mirar bien a nuestro alrededor y acudir con más frecuencia a los espacios verdes de la ciudad, como: el Bosque de Chapultepec, el Desierto de los Leones, el Bosque de Tlalpan o los Viveros de Coyoacán, en la Ciudad de México; el Tepozteco, en Morelos; los rápidos, en Veracruz; Capulálpam de Méndez, en Oaxaca; o convirtiendo a los escenarios naturales de México en el destino de nuestras próximas vacaciones.