Como lo lees, así como cuando estás triste o feliz se te antojan ciertos alimentos como helado para volver a sonreír o una comida familiar para celebrar algo importante, el cómo te sientas en ese momento, podría cambiar el sabor de lo que comes.

Esto fue comprobado por la Universidad de Granada en España, junto con la Pontificia Universidad Católica de Argentina. Se realizó un estudio con dos grupos de participantes: los que normalmente consumían sabores amargos y los que no. Con ayuda de imágenes les creaban distintos estados de ánimo y les iban dando a probar alimentos amargos o dulces, los resultados, publicados en la revista Food Quality and Preference, fueron muy interesantes. ¿Los quieres conocer?

De cuando nos sentimos estresados

Cuando estamos estresados toleramos más los sabores amargos, por ejemplo, la cerveza, el café y la toronja. Pero debes saber que las presiones también nos incrementan las ganas de comer azúcar. El cortisol, mejor conocido como hormona del estrés, gusta de los sabores dulces, es por esto que cuando sentimos ansiedad los consumimos más.

¿Cómo hacerle frente?

  • No te saltes las comidas, pues cuando no tienes azúcar en la sangre, tu cuerpo también se podría estresar. Es importante que además de tus tres comidas del día, incluyas al menos un tiempo de colación a media mañana y otro a media tarde. No olvides utilizar el Plato del Bien Comer como una guía para tener una dieta correcta.

  • Aunque tengas mucho trabajo, piensa que es mejor invertir 30 minutos para realizar alguna actividad física, que tener un día pesado con cansancio, estrés, mal humor. Hacer ejercicio te da más beneficios de los que te imaginas.

De cuando nos sentimos tristes

La tristeza hace que los sabores dulces nos parezcan más placenteros, y así es como nuestro cerebro contrarresta este sentimiento. Existe una explicación química, y es que los hidratos de carbono: principalmente los azúcares, consumidos con moderación, incrementan los niveles de serotonina, un químico en el cerebro que nos podría producir bienestar.

¿Cómo hacerle frente?

  • Cuando quieras comer algo para sentirte mejor, analiza de dónde nace tu antojo. ¿De verdad tienes hambre? Y si es así, ¿puedes calmarlo con una colación del grupo de Frutas y Verduras del Plato del Bien Comer? Identificar tu estado de ánimo puede ayudarte a controlarlo mejor, sin olvidar la moderación.

  • Trata de distraerte hablando con un amigo o saliendo a caminar un rato, activar tu mente con otras actividades, te ayudará a no comer por angustia.

De cuando estamos alegres

Si estamos contentos podemos consumir con mayor facilidad las verduras, nos saben más ricas y el cerebro está dispuesto a absorber mejor sus nutrimentos.

El comer es un placer, y este placer debe volverse un hábito de salud. El ejercicio es una parte indispensable para llevar un estilo de vida saludable y, además, aumenta los niveles de endorfinas en el cuerpo, mejor conocidas como las hormonas de la felicidad.

Ahora ya lo sabes, antes de comer por impulso, identifica cómo te sientes y consume lo que te hace bien tomando decisiones mejor informadas, como siempre, la moderación es tu aliada.