Cuando comenzó, el ingeniero Roberto Saint Martin quería mostrar cómo hacer robots para involucrar a otros estudiantes en la tecnología de manera sencilla. Hoy, este ingenioso emprendedor está decidido a mejorar el mundo #ALaMexicana. Su meta: cambiar la educación en México; su método: formar niños y jóvenes emprendedores capaces de construir un futuro brillante; su herramienta: la robótica.  

Y para alcanzar una meta de tales dimensiones, Saint Martin desarrolló un programa de trabajo que implementó en Robotix, la escuela de robótica para niños más grande América Latina. A la fecha se han impartido 61 mil cursos a 39 mil alumnos. Estas cifras reflejan el crecimiento de un apasionante proyecto que empezó en 2007 con el ofrecimiento de clases extraescolares a 48 alumnos en el centro de robótica Microbotix, actualmente Robotix.

Para el verano de 2008, la matrícula aumentó a 180 estudiantes. “Al principio, no teníamos muy claro qué haríamos, pero nunca dejamos de pensar que queríamos ser grandes, refiere el ingeniero que gracias a su esfuerzo, pasión y alto desempeño académico en el bachillerato recibió una beca del 90% por parte del Tec de Monterrey para estudiar ingeniería mecatrónica.

Siguiendo su instinto creativo e ingenioso, fue a las aulas junto con otros dos compañeros, donde cultivó la idea de generar cursos de robótica a otros estudiantes de ingeniería para que pudieran adentrarse en la tecnología. Pronto emprendieron el camino de ofrecer cursos a alumnos de primarias y secundarias. De este modo fueron puliendo el método para interesar a los niños en la tecnología desde temprana edad. Empoderar a las nuevas generaciones por medio de la ciencia aplicada se convirtió en su objetivo.

Su perseverancia y esfuerzo rindieron frutos y en 2008, Robotix recibió el Galardón PyME como mejor empresa de tecnología intermedia incubada, por parte de la Secretaría de Economía. Un año más tarde, sus alumnos comenzaron a cosechar los primeros lugares en competencias de robótica. En noviembre de 2014, Saint Martin encabezó la delegación de 17 niños y jóvenes que ganó el primer y segundo lugares en el International Air and Space Program (IASP), realizado en el Centro Espacial Johnson de la NASA, con sede en Houston, Texas. Ahí, el trabajo y esfuerzo de los mexicanos superó al del propio equipo de la incubadora de talentos de la NASA y demostró que México es un país de alto rendimiento en robótica.

El modelo educativo de Robotix se basa en la innovación, pilar estratégico que ha roto el esquema de que las matemáticas, la física y la tecnología en general son aburridas. Nada más lejos de lo que se vive en las aulas de Robotix, donde cada clase es una demostración de que es posible aprender mediante el juego porque la ciencia es divertida y es para todos, niños y niñas, jóvenes y adultos, siempre que tengan pasión, esmero y dedicación.

Y así, con el propósito de acercar la robótica al mayor número posible de niños y contribuir a formar generaciones más competitivas que colaboren en la creación de una sociedad más productiva, Roberto Saint Martin creó la Fundación Robotix, cuya tarea se enfoca en apoyar a niños talentosos de escasos recursos que no disponen de acceso a una educación de calidad.

Roberto Saint Martin es el vivo ejemplo de quien obtiene el triunfo porque ha tenido el valor de creer en sí mismo y de emprender su propio camino, muy #ALaMexicana, fuera de los límites de la enseñanza tradicional. Como muchos mexicanos de hoy, lleva en su ADN la pasión por ayudar a resolver los grandes problemas del mundo. Su ingenio no se detiene y esas dificultades y necesidades que afectan a la sociedad, él las ve como oportunidades para transformar su entorno. Como Sidral Mundet, empresa mexicana que ejemplifica esa pasión por ser auténtico, por trascender de un siglo a otro gracias a su sabor inconfundible y único, por ser una industria que piensa en grande y sin límites: #ALaMexicana.