Querida amiga:

Seguro sentiste algo extraño al revisar tu correo esta mañana y ver que había algo más que unos simples estados de cuenta y los volantes de la tienda de la esquina: había una carta de mí para ti.

Y es que déjame empezar por contarte que el otro día vi en una página de internet que el 7 de febrero fue el Día Oficial de Escribir Una Carta para un Amigo y en ese momento me di cuenta que no recordaba cuándo había sido la última vez que había escrito una carta de verdad, y los múltiples correos que hemos intercambiado no cuentan, me refiero a una carta real, escrita a mano, con borrones y tachones, con papel, sello, sobre y días de entrega.

No digo que me esté quejando de los beneficios que nos ha traído la tecnología pues es muy sencillo estar en contacto con personas que viven en otro estado o en otro país, como mi hermana ¿te acuerdas de ella? Sigue viviendo en Francia y a pesar de la diferencia de horario casi diario nos escribimos; la semana pasada hizo una excursión a un sitio llamado Gorges Du Verdon y la vista es ¡increíble! Te voy a etiquetar en su publicación para que veas las fotografías. Además, una vez a la semana hacemos Skype con toda la familia (incluido nuestro gato) y siempre me despierto con un video divertidísimo en mi muro de Facebook.

Y es que últimamente he estado reflexionando acerca de todo esto, la verdad es que la vieja correspondencia se ha venido perdiendo entre los numerosos medios tecnológicos de los que disponemos. Porque hubo una época, estoy segura de que no tan lejana, en la que las personas que vivían separadas por enormes distancias geográficas se contaban mediante cartas numerosos detalles de su vida privada, se declaraban amor, se extrañaban o se daban malas noticias.

Sé que no podemos comparar la inmediatez de un correo electrónico o una llamada y ahora con el celular ni se diga -el teléfono fijo ya tampoco es un artículo muy usado- pero me imagino los tiempos antiguos en los que te sentabas a escribir cartas de hasta dos páginas de largo o más, la emoción de esperar la respuesta del destinatario y no enojarse si la carta demoraba más de lo previsto, aquí nada de dos palomitas azules y desesperarse si te dejan en visto, creo que tal vez era un mundo más sencillo.

Es por eso que ahora me prometí que les escribiría a mis amigos de vez en cuando, sorprendiéndolos así como a ti con una carta de mi puño y letra. Me daría mucho gusto querida amiga que me contestaras por este mismo medio. Ayudemos a que no se pierda esta bonita costumbre, porque a ti que estás leyendo esto, te pregunto: ¿cuándo fue la última vez que escribiste una carta?

Con mucho cariño.

Tu querida amiga.