Un universo de coloridos sabores cuya exquisitez encuentra su perfecto maridaje en la refrescante efervescencia de esta bebida sabor manzana, es nuestra cocina tradicional mexicana. Así es como podríamos describir la deliciosa combinación de platillos inspirados en el refresco icónico que ha estado presente en la mesa de los hogares de nuestro país desde hace más de un siglo: Sidral Mundet.

Y es que solo un refresco de inigualable sabor puede acentuar la excepcional textura, riqueza y variedad de los alimentos nacionales, nuestra gastronomía es un compendio de recetas ancestrales e incluso se le considera como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por la UNESCO. El legado de nuestra cocina es de origen prehispánico, una manifestación cultural viva que reúne originalidad de productos, técnicas y procedimientos.

Así como Sidral Mundet puede servirse para acompañar nuestros más icónicos antojitos mexicanos, también hace honor a un sofisticado menú de reciente creación. Y si algo caracteriza a la tradicional bebida sabor manzana es su apego a los valores que le dieron origen: perseverancia, esfuerzo, ingenio y pasión.

Valores que de una u otra manera se encuentran en la historia de nuestra cocina tradicional: la perseverancia para mantener vivas nuestras recetas desde tiempos inmemoriales; el esmero para preparar un platillo que deleite nuestros sentidos; el ingenio para imaginar nuevos usos y aplicaciones a los ingredientes típicos, y la dedicación para dar a conocer nuestra cultura gastronómica dentro y fuera de nuestras fronteras.

Y para sorprender nuestro sentido del gusto con la versatilidad de un original ensamble de ingredientes, ¿qué tal unos camarones a la plancha, seguidos de champiñones, oreja y tocino sazonados con chile de árbol con fondo de puré de tlayuda y tostadas? ¿Qué sensación despertaría en el cielo del paladar un salmón curado, apuntalado por el inconfundible sabor del queso Cotija y la intensidad de las nueces?

Solo la burbujeante frescura helada del refresco sabor manzana encuentra el punto de equilibro para realzar un sofisticado escabeche de codorniz, seguido de un arroz cremoso de mejillón. Este no es solo un regalo para el gusto, también para la vista, gracias al inigualable color amarillo que le aporta el azafrán. Para culminar, el reconfortante sabor del pollo estofado se torna peculiar y único gracias a la presencia del romero y el pimiento verde.

La versatilidad de Sidral Mundet es tal, que de igual modo es compatible con la acidez de un aguachile, como con la esplendidez de un queso azul o la fina untuosidad de uno de cabra, sobre una laja de manzana adornada con pimiento y pepinillo a la menta, condimentada con la picante presencia del wasabe.

Y si de satisfacer paladares exigentes y exóticos se trata, la nueva cocina mexicana se pinta sola. Como ejemplo, basta recordar la degustación de una costilla especiada con recado negro. Sí, nos referimos a ese condimento de origen maya a base de chiles anchos casi quemados que proporcionan un gusto fuerte, ahumado y picoso a la carne.

O quizá nos inclinemos más por el cosquilleante aroma de un cerdo aderezado con la cítrica frescura del limón y la presencia del hinojo.

Cómo si no es con Sidral Mundet, maridar una ensalada de cogollos con vinagreta de zanahoria y hoja santa, plátano lio, anchoa, olivada y sierra en aceite. Una verdadera sinfonía de sabores que alcanza su allegro vivace, al rociarla generosamente en boca con un trago helado de refrescante sabor manzana. Una experiencia casi táctil que nos hace vibrar de gusto y reconocer orgullosamente que la comida se disfruta más cuando es #ALaMexicana.