Hay imágenes que con el paso de los años se vuelven icónicas, como aquel beso en Times Square que selló el final de la Segunda Guerra Mundial; la foto de Marilyn Monroe usando su emblemático vestido blanco mientras el aire lo levantaba, o los anuncios de Coca-Cola con el rostro de Alice Jean Anderson.

Su historia inició en 1930, cuando a sus 21 años comenzó a ser parte de nuestra publicidad, adornando así vallas publicitarias, carteles, autobuses y mercancías en todo el mundo.

Un día, al bajarse de un tren en la ciudad de Nueva York, Anderson vio una cara conocida que la miraba fijamente. “Había una gran valla publicitaria. Yo estaba en un traje de baño azul... ¡y parpadeando! Me quedé inmóvil, no podía creer lo que estaba pasando”, recordó la ahora nonagenaria durante una entrevista telefónica.

Alice fue la imagen de Coca-Cola hasta la década de 1950; sin embargo, su camino hacia el estrellato empezó a los tres años cuando su madre la inscribió en la escuela de baile donde destacó de manera inmediata y obtuvo una beca para aprender danza.

Posteriormente se mudó a la Gran Manzana para continuar su carrera como bailarina realizando más de 20 funciones a la semana en el Teatro Fox, en Brooklyn, lugar en el que conoció a su  marido, un concertista de piano y director de orquesta.

A sus 18 años para su debut en dicha ciudad, se unió a las legendarias The Rockettes, compañía de baile fundada en 1925 y reconocida por su precisión y sincronía; no obstante, en ese entonces el grupo era conocido como The Roxyettes debido a que actuaban en el Teatro Roxy.

Posteriormente, ya como una artista consumada logró llegar rápidamente a Broadway, presentándose en “Oh Say Can You Sing” (Di que puedes cantar), al mismo tiempo que modelaba para distintas marcas que iban desde aerolíneas hasta champús y pastas dentales.   

Al poco tiempo se sumó a las filas de modelos para Coca-Cola, colocándose como una de las favoritas para representar la imagen de la compañía.

Haddon Sundblom, creador de la célebre representación del Santa Claus moderno de Coca-Cola, aquel con traje rojo y que se diera a conocer en 1931 gracias a una serie de anuncios de la empresa, comenzó a trabajar intensamente con Alice, posando horas para fotos que el pintor convirtió en distintivas obras que llegaron a todos los países donde se comercializaba la bebida.

Pero aquí no acaba la historia de esta artista, ya que al laborar con Sundblom nació en ella el interés por la pintura, llevando su nueva ambición artística a las aulas de Instituto de Arte de Chicago y la Academia de Bellas Artes de Chicago, sitios en los que se instruyó para pintar al óleo y con pastel.

Actualmente, Alice Jean Anderson vive en Apalachicola, Florida, los jueves pinta con un grupo de amigos cercanos y sus obras plásticas se han expuesto en importantes galerías estatales, además de tener la propia en su lugar de residencia. Y por si se lo preguntaban, continuamente Anderson recibe visitas de coleccionistas interesados en que autografíe algún recuerdo en el que ella seguirá siempre presente.

¿Quieres conocer a Alice de propia voz?