No es extraño que desarrollemos algún tipo de miedo irracional a diferentes cosas: arañas (aracnofobia), a los espacios cerrados (claustrofobia), o a los lunes (deuterofobia); pero ¿a las suegras? La ansiedad y el temor de no llenar sus expectativas nos vuelve penterafóbicos, una carga que podría complicar cualquier relación.