Imagina que te encuentras en la playa disfrutando del refrescante sabor de Coca-Cola. Frente a ti, el mar cristalino acaricia la arena blanca, tu piel siente las caricias de una brisa ligera y con cada sorbo percibes nuestra efervescencia recorriendo tu garganta. Entre el paisaje, tu sensación de paz y el deleite en tu paladar, te descubres más consciente que nunca.

¿Qué tal? ¿Lo sentiste? Si lograste visualizarte en esa paradisíaca playa por un momento, entonces puedes confirmar la veracidad del estudio que dice que las palabras pueden desencadenar prácticamente la misma reacción que cuando realmente se presenta el estímulo al que se hace referencia.

En la revista Psychological Science se publicaron los resultados de una investigación en la que se demostró que solo con leer o escuchar una palabra se produce una reacción relacionada con el significado de la misma. En el experimento se probó que al hablar de fuentes de luz, como el Sol, un brillo o un foco, las pupilas se contraen como si estos estímulos estuvieran presentes. Para corroborar que realmente fuera así, se usaron conceptos de oscuridad para ver cómo las pupilas de los participantes se dilataron.

Leer es vivir

Si eso pasa con una palabra, ¿te imaginas qué hace tu cerebro con un libro? De acuerdo a otro estudio de la Washington University de St. Louis, determinó que las imágenes mentales que leemos despiertan reacciones en nuestro cerebro como si las estuviéramos viviendo, lo que nos deja abstraernos del mundo cotidiano.

En él se mostró cómo conforme avanza cualquier historia, diferentes regiones cerebrales se activan comprobando que al leer, nuestra mente recrea los acontecimientos. Es decir, pensamos en imágenes y vemos las palabras como si fueran fotografías, de acuerdo a nuestras asociaciones previas.

Con esto en mente, es una fantástica oportunidad para que lo pongas en práctica con ese nuevo libro que te llamó la atención. No olvides servirte un refrescante vaso de Coca-Cola Original o Sin Azúcar para acompañar el momento, pues aunque puedas imaginar su sabor, disfrutarlo no se equipara con su descripción. ¿O sí?