Regalar un juguete a un niño no solo es darle algo material, es un obsequio que valoran y atesoran con el tiempo, porque además de que les da felicidad, provoca un sentimiento de unión y paz cuando lo comparten con alguien más. Observar sus rostros llenos de dicha y apoyar a las comunidades que habitan, forman parte de los objetivos de la iniciativa de Día de Reyes para llevar un poco de magia navideña a los pequeños que viven en albergues escolares indígenas.

Desde hace 17 años consecutivos, Fundación Coca-Cola cierra la Navidad con broche de oro al entregar miles de juguetes y dulces. En esta ocasión, en alianza con Fundación Azteca y Juguetes Famosa México, así como con los colaboradores de la compañía, acudimos a la Casa del Niño Indígena Benito Juárez, ubicada en Pantepec, Puebla, donde pudimos convivir con los 92 niños de esta casa en una posada inolvidable.

Y es que una de las misiones de Fundación Coca-Cola es coadyuvar al desarrollo sustentable de las comunidades contribuyendo al bienestar integral de las mismas, al sumar esfuerzos con asociaciones civiles, iniciativa privada y autoridades con el llamado Triángulo de Oro, por lo que otras Casas del Niño Indígena en Chihuahua, Hidalgo, Nayarit y Oaxaca se verán beneficiadas, con la entrega de 4 mil juguetes.

Y porque a todos nos encanta esta celebración por los momentos que nos regalan, en Coca-Cola Journey entrevistamos a Karina Jager, asociada de la Compañía, quien nos compartió su experiencia:

Coca-Cola Journey (CCJ): ¿Qué es lo que más te hace ilusión de la Navidad y la llegada de los Reyes Magos?
Karina Jager (KJ): Lo que más me hace ilusión es compartir cariño y sonrisas con los que están a mi alrededor.

CCJ: ¿Qué te motivó a participar en la colecta de juguetes de este año?
KJ:
La oportunidad de dar un obsequio y muestra de cariño a alguien desconocido, brindar una pequeña alegría y provocar una sonrisa en su rostro.

CCJ: ¿Por qué crees que es importante participar en estas iniciativas?

KJ: Aprender a dar sin esperar nada cambio es algo muy gratificante, es importante reforzar esta actividad para generar mejor vibra en nuestra vida.


CCJ: ¿Qué consideraste al elegir el niño que apadrinaste para darle un regalo?
KJ:
Busqué a un adolescente de 15 años, porque pocos lo elegirían por la edad y lo complicado que sería regalarle a una persona que ya no es un niño y un juguete quizá no le interesaría. Creo que es lindo que reciban algo; le obsequié una loción de aroma juvenil.

CCJ: ¿Qué piensas cuando envolviste el regalo?
KJ:
Más que pensar, me llenó de alegría el buscarle y escoger algo que le fuera útil y le gustara a pesar de que no conocía más que su edad. Al envolverlo, lo hice con cariño para que el simple gesto de enviarle algo, lo hiciera sonreír de manera increíble.

CCJ: ¿Ya habías acudido a repartir los juguetes? Si no, ¿cuál fue tu experiencia?

KJ: Fue la primera vez que tuve la oportunidad de acudir y fue aquí en Puebla. La experiencia es hermosa y muy gratificante. Los niños nos recibieron con porras y después comimos con ellos, en ese momento pudimos platicar y conocer un poquito de su historia. Ellos estaban muy emocionados y se mostraron muy participativos con las dinámicas que desarrollamos. Compartir las sonrisas, romper las piñatas, recibir sus juguetes y cuando empezaron a jugar con ellos, me llenó de energía y con ganas de volverlo a hacer el próximo año.

 

 

Este tipo de experiencias logran que una pequeña acción se convierta en algo especial, ya que transforma vidas. Es por eso que participar en ellas, las distingue y motiva a los que integramos la Industria Mexicana de Coca-Cola para marcar la diferencia.

¡Nos vemos en 2017 para llevar más alegría a otros niños!