Los héroes en México no siempre son humanos: los perros rescatistas también pueden convertirse en uno de ellos. Y es que tras los desastres naturales que cimbraron nuestro país el mes pasado, la destacable labor de algunos canes, como Frida, fue clave para ayudar a ponernos de pie.

Con un visor para proteger sus ojos de humo, polvo o alguna otra sustancia, una botas que evitan que el terreno lastime sus patas y un arnés para ascender o descender, la perrita labrador de siete años, que forma parte del Equipo de Búsqueda y Rescate en Estructuras Colapsadas (BREC) de la Secretaría de Marina-Armada de México (SEMAR), ha participado en más de 50 rescates gracias a su poderoso olfato que detecta la adrenalina segregada por el cuerpo ante una situación extrema.

Sin embargo, la querida Frida, que fue entrenada desde los dos meses en la Sección Canina del Cuartel General del alto mando de la SEMAR, no actúa sola: junto a su guía, Israel Arauz Salinas, el tercer maestre de Infantería Marina, forma un binomio canino. De esta forma, el trabajo de ambos nos demuestra que con una gran pasión, un encomiable esfuerzo y el característico ingenio #ALaMexicana, realmente se puede salvar vidas.

Julio Alejandro Velázquez Rodríguez, jefe de la Unidad Canina de la Dirección General de Prevención y Protección Civil de la UNAM, primera institución en tener perros de rescate certificada por el Organismo Internacional de Perros de Rescate (IRO), explica que las duplas deben trabajar de forma muy cercana. Por eso, el guía tiene que ganarse la confianza del can para hacer un buen trabajo en equipo. De ahí la importancia de un entrenamiento que tenga ciertos elementos lúdicos.

“En un principio, el guía le avienta al perro una pelota para que la busque con la nariz y la traiga de vuelta.  Una vez que el animal tenga conexión con la dinámica, es posible esconder a una persona junto al objeto. Entonces, recibe la orden de buscar al humano y obedece porque sabe que lleva un juguete con él.  Después hay que enseñarle a ladrar antes de entregar la pelota para que ejecute su marcaje. A esto se le llama condicionamiento operante, en el que el perro reconoce que recibe algo (un premio como carne, tocino o un juguete) a cambio de una acción.

“Más adelante comenzamos a complicarle la tarea: se entierra el objeto en un lugar oscuro o con materiales encima para así desarrollar su instinto. Es necesario tener una variedad enorme de escenarios para manejar la situación e incrementar sus habilidades en tiempo real. En la formación usamos una pelota o comida y trabajamos las conductas (obediencia y destreza) y habilidades físicas del perro para lograr lo que requerimos. Todo el proceso puede tardar hasta dos años”, explica Velázquez Rodríguez.

Por supuesto, cada vez que termina el trabajo de un perro rescatista, es importante revisarle las patas, las piernas, la espalda y el cuello para detectar si se llegó a lastimar en el proceso. También hay que cuidar sus articulaciones para que se mantenga en óptimas condiciones.

Además, el guía humano necesita saber primeros auxilios, conocer sobre navegación terrestre, tener conocimientos de geografía y protección civil, así como manejo de sustancias peligrosas en derrumbes como gases, líquidos o residuos contagiosos y prevención de incendios. Para realizar búsqueda en estructuras colapsadas, debe practicar rappel y alpinismo.

Hoy en día, la frase “El perro es el mejor amigo del hombre”, cobra un verdadero sentido y nos hace darnos cuenta de que tanto Frida como todos estos binomios caninos, son verdaderos héroes que demuestran el esfuerzo, la solidaridad y la unión del trabajo hecho #ALaMexicana.