Por Lorena Llaguno / Linkedin

En realidad, es un poco injusto el título del  artículo, por no decir falso. Hace ya un par de años que de forma consistente me propongo no hacer propósitos. Si bien esa acción en sí misma suena más a propósito que a ausencia de los mismos, creo que apela al mismo punto: no creo que enlistar un grupo de actividades a principio de año sea una costumbre positiva.

No me malinterpreten.

Creo que hacer planes, aprender nuevas cosas, experimentar nuevas aventuras y comprometernos con nosotros mismos, son cosas muy positivas.  Pero considero que cada vez más, los propósitos de inicio de año se han convertido en una "extraña selección de imposibles" que lanzamos al destino esperando que con sólo verbalizarlos sucedan.

Y aparecen comentarios tales como: "este año sí me caso", "voy a conocer Egipto", "aprenderé a hablar francés", "leeré más", etc.

Al leerlos parecen inofensivos, hasta se antoja quizás explorar alguno.   Analizando un poco más, es evidente que son ambigüos, pero usualmente disculpamos la falta de precisión, suponiendo que conforme avance el año se irán detallando cada vez más.  Sin embargo, cuando los ponemos en contexto, suenan diferente:

"este año sí me caso" - dice la que ni siquiera tiene novio;  "voy a conocer Egipto" - el clásico deseo de los que están endeudados hasta el tope; "aprender a hablar Francés" - a duras penas hablas español y tu ortografía deja mucho que desear; "leer más" - y lo publican en FB que constituye el 80% de su literatura

¿Por qué nos proponemos cosas que no tienen que ver con nuestra historia?

Me atrevo a aventurar algunas hipótesis:

1) Porque suena cool.
2) Porque llevo años con el mismo propósito y creo que de tanto escribirlo algún día lo cumpliré.
3) Porque son sueños y deseos, pero no un plan de acción.

O quizás la respuesta es mucho más simple: porque no sé cuál es mi historia.

Antes de empezar a hacer listas de lo que quiero hacer diferente o lo que deseo cambiar, tendríamos que empezar a mirar hacia adentro y entender: ¿cuál es el camino que he tomado para llegar hasta este punto? y ¿en qué dirección quiero seguir avanzando?

Más que propósitos, debieran ser una validación de si el rumbo que hemos elegido hasta el momento es consistente con quien se quiere ser, y para poder saberlo, la única forma es tener muy claro quiénes somos.

Idealmente, creo que todos aspiramos como meta final ser felices, y para conseguirlo cada quien tiene un grupo diferente y personal de estímulos. Hay quienes experimentan una gran felicidad cuando cierran un negocio importante, habrá quienes prefieren ayudar en algún centro altruista y están los deportistas - tan de moda en estos tiempos- que se sienten realizados con cada nuevo reto


Fijando metas claras

Antes de empezar con una lista de "propósitos" (deseos bien intencionados), sugiero:

1. Echa un vistazo a tu historia, analiza lo que te hace más feliz y aquellos momentos en que has sentido más satisfacción personal.  (Quizás los logros de un deporte en particular, un proyecto especial en el trabajo, un viaje, etc.)

2. Sé honesto y revisa si eso que te hace feliz, también te hace crecer, tiene un sentido y te hace mejor persona. (Si eres como yo y te encanta dormir, habrá que ser sinceros y reconocer que "dormir más" no es un propósito que realmente me haga crecer como ser humano)

3. Revisa si lo que quieres poner como propósito es algo que suma a cualquiera de las áreas que te hace feliz (si correr te hace feliz quizás ahora estás listo para proponerte un maratón, o si cocinar es lo que más te relaja, tal vez debieras empezar a armar un libro de recetas o aprender un tipo de cocina diferente)

4. No te sobresatures. En el mejor de los casos encontrarás múltiples fuentes de felicidad y te darás cuenta que para cada una existen varias alternativas para mejorar.   No tiene caso proponértelas todas cuando de inicio sabes que no lo conseguirás.  Escoge las que más te llamen, las que hagan más sentido con tu momento actual y las que desde el momento en que las mencionas ya estás entusiasmado por lograrlas.

5. Hazlas. No te engañes pensando que tienes 12 meses para realizarlas.  Si es algo que quieres y puedes hacer, ¡hazlo ya!  No pospongas tu felicidad, ni le pongas falsos plazos a tu vida.


Y si te das cuenta, ya no hará sentido esperar un año para revisar esta lista.  Lo que empezará a suceder es que cada que termines una meta, un logro, cumplas un sueño o realices un proyecto; regresarás al principio del ciclo: analizar qué funcionó, si lo logré o no, qué puedo mejorar y qué sigue.

Y quizás te pase como a mí, que ya no le encuentro sentido a hacerme propósitos en enero.

Lorena Llaguno,

Soy Gerente de Inteligencia Competitiva en Planeación Estratégica y he colaborado en Coca-Cola por 16 años.

A través de mi posición actual, he atestiguado lo importante que resulta ponernos objetivos coherentes con el tipo de empresa que somos, ambiciosos pero alcanzables; de modo que podamos seguir contando una historia de éxito que lleva muchos años siendo referencia.  Considero que esta buena práctica debiéramos incluirla a nivel personal