Por: Irene García / @mommychic1

El mejor día de mi vida y el más feliz, lo tengo bien ubicado: 2 de agosto del 2002, el día que nació mi primer hijo. No sé explicarlo, pero sólo al verlo no podía parar de sonreír y de sentir un amor que se me desbordaba por esta persona que había esperado por meses, pero llevaba solo un segundo de conocer.

Pero esperen dejen me regreso un poco antes

No sé si a todos les pasa o solo me pasó a mí, pero lo que pensaba que iba a ser una época de tranquilidad y relajación total como lo pintan todas las fotos sobre maternidad resultó ser completamente al revés.

Me casé y me embaracé casi de inmediato, todavía no disfrutaba de mi matrimonio o de terminar de decorar la casa cuando toda mi vida se volcó hacia esa personita que ya vivía dentro de mí.

Antojos, sueño, mareos, náuseas; la vida nos cambia a las mujeres en el instante en el que sabemos que estamos esperando un bebé. A mi esposo le pasó lo mismo, pero en el hospital a la hora que entró al quirófano y le pidieron que cargara a nuestro hijo.

Somos diferentes y expresamos nuestro cariño y amor de maneras distintas, no es malo

Desde ese día el remolino que es la maternidad me abrazó y me sacudió fuerte. Noches sin dormir, el dolor de la cesárea, las mañanas sin descanso y baños más cortos, porque parece que el volver a tomar un baño caliente de 10 minutos será hasta dentro de un lustro.

La vida se vuelve un huracán con nuevas palabras como: cólicos, reflujo, temperaturas, llantos sin razón, el aire, el hipo y nos volvemos expertos en distinguir cuáles son los mejores pañales y en lavar más rápido los biberones, que parecen nunca terminarse.

Y al mismo tiempo, experimentamos esta tormenta de forma completamente diferente; una oleada enorme de paz y amor hacia ese bebé, lazo que se forja diariamente al estarlo alimentando y tenerlo tan cerca. El arrullo, la tranquilidad que se respira cuando cae dormido en nuestros brazos. Su primera sonrisa y las miles de miradas de complicidad que ya sabemos interpretar. Sabe que lo somos todo para él y nos lo agradece tomando alguno de nuestros dedos con toda su manita sin soltarnos.

Como mamás sabemos que esa unión será para siempre, como también sabemos que ese hijo algún día tomará su camino y él nos soltará para seguir su vida.

Mi hijo mayor ya está en la adolescencia, la nena está empezando la primaria, ya están grandes. Me necesitan pero ya no soy indispensable, tienen amigos, fiestas, saben elegir su ropa y vestirse solos. A la chiquita todavía le ayudo a secarse el cabello y lavarse la boca, pero en un año ni eso necesitará.

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La vida se va rapidísimo, créanme. Disfruten esas desveladas, esos años en los que nuestro hijo cabe perfectamente en nuestro pecho y alrededor de nuestros brazos. Aprovechen que para su hijo ustedes son su mundo, lo son todo. Jueguen mucho con ellos, corran, diviértanse como si volvieran a ser niños. Vean a través de los ojos de su hijo el mundo, vuelvan a sorprenderse con los colores del cielo, con los saltos de un grillo o traten de encontrar el conejo en la luna.

Les aseguro que volverán a tener baños en paz, volverán a comer caliente y dormirán de corrido por la noche. No se desesperen, todo llega, solo que estas cosas que por el momento los rebasan, en algún momento las extrañarán. Recordarán esos días sencillos en el que el mejor plan era ver una película de dibujos animados por quinta vez consecutiva, todos metidos en la cama, comiendo palomitas y empezando una guerra de almohadas.

Busquen ayuda cuando la necesiten, eso alivia lo pesado de la rutina. Salgan con su pareja, consigan una niñera o a una abuela voluntaria para volverse a ver sin llantos, biberones, ni pañales de por medio.

Les recomiendo algunos libros que les ayudarán en esta carrera que es ser padre, porque como bien dicen: “Nadie nace sabiendo ser padre”. Pero ese ya no es pretexto.

Mi guía para los primeros dos años de mis bebés fue “The Baby Book” del Dr. Sears. Es una maravilla para padres primerizos, el doctor da muchísimos tips acerca de lactancia, la hora de dormir y hasta cuándo es necesario llamar al pediatra o no. Si pueden leerlo durante el embarazo les garantizo que el día que llegue su bebé se sentirán más seguros.

Otros más que pueden leer son: “Dormir sin lágrimas” por Rosa Jové, “Bésame mucho” por Harvey Karp y “Papá el niño también es tuyo” por Javier Serrano. Recomiendo estos libros porque siento que necesitamos madres y padres actualizados. Ya no se vale dar como pretexto el "nadie nace sabiendo ser padres" y en estos libros hay información completa de expertos que solucionan dudas diarias y hacen más fácil esta increíble experiencia que es la paternidad.

El último consejo es estar presente, escucharlos, hablar con ellos desde que están en el vientre hasta que sean adultos. Si quieres estar en el futuro de tus hijos debes estar en su presente.

Irene García: Pro-maternidad relajada. Límites/reglas/consecuencias mis herramientas