La vida puede ser vista por un camino donde tú decides el destino que tendrás mediante las resoluciones que se te van presentado a lo largo del recorrido. ¿Qué carrera quiero estudiar?, ¿qué trabajo debo tomar?, ¿qué coche me conviene comprar?, ¿cuál es la bebida que se adecúa más a mi estilo de vida?, ¿estoy listo para casarme? , y mil preguntas más que surgirán a lo largo de tu vida.

Conforme vamos creciendo nos enfrentamos a elecciones que van teniendo cada vez un mayor grado de dificultad, peso; y responsabilidad, razones suficientes para prestar más atención al proceso que debemos llevar a cabo para tomar una decisión final que no se contraponga con nuestro estilo de vida, necesidades, capacidades y, desde luego, con nuestro futuro.

De acuerdo con Jocelyn K. Glei, bloguera y autora del bestseller “Manage Your Day-to-Day” (Administra tu día a día), cada día tenemos millones de micro-decisiones, por lo que ejercitamos nuestra capacidad y ruta para mejorar este procedimiento; y aunque no existen reglas para saber la mejor manera de tomar una decisión, sí hay ciertas tendencias que al ser conscientes de ellas nos ayudarán a inclinarnos por la opción ideal, dependiendo también de tu tipo de personalidad:

1. Satisfactores o maximizadores: estos dos conceptos corresponden a distintos tipos de comportamiento; con satisfactores la experta en hábitos Gretchen Rubin, se refiere a decidirse por un aspecto que cumpla tus criterios, esto no quiere decir que vas a conformarte con la mediocridad, pero tan pronto encuentres algo que te satisfaga, lo elegirás. Por el contrario, los maximizadores, analizan todas las opciones hasta estar plenamente seguros que toman la mejor elección.

El conocerte mejor te permitirá saber cuál es la manera en la que conforme a tu forma de ser, ideología y carácter tomas una decisión.

2. Confía en tu intuición: según William Duggan, profesor de la Escuela de Negocios de Columbia, existen tres tipos de intuición:

Intuición ordinaria: es sólo un sentimiento básico, un instinto.

Intuición de expertos: responde a juicios precipitados; y al instante reconoce algo familiar, un ejemplo sería la forma en que un profesor de tenis sabe donde irá la bola desde el arco y la velocidad de la raqueta del oponente. Este tipo de intuición es rápida y se da con más frecuencia conforme se conocen los patrones que están en juego.

Intuición estratégica: es un pensamiento claro, ese momento de lucidez que llegó de pronto a tu mente para resolver un problema que has estado pensando durante un mes. Duggan asegura que aunque la intuición estratégica tarda en llegar, funciona para nuevas situaciones y cuando se necesita diferenciar las mejores ideas.

Confiar en tu intuición es algo primordial; sin embargo, al distinguir estos tres tipos mencionados  podrás discernir cuál es la que tienes más desarrollada y podrás saber cómo es que tomas decisiones.

3. Dale un lugar a la experiencia: el psicólogo de Harvard, Daniel Gilbert, y creador de “Stumbling on Happiness” (Tropezar con la felicidad), estudia los sesgos cognitivos que usamos para tomar decisiones. Según explica, no optamos por determinaciones muy racionales en la mayoría de los casos; ni somos particularmente buenos para predecir lo que nos hará felices, pues si no contamos con ciertos conocimientos o la experiencia para tomar una resolución, el mejor curso de acción es consultar otra persona.

De manera que si estás luchando con una decisión difícil, acércate a un amigo, familiar o colega que hayan estado en tu situación antes, es muy posible que su visión sea lo que necesitas para decidirte.

4. Elige tus batallas: Jonah Lehrer, autor de “How we decide”, indica que constantemente estamos forzados a sentir que las decisiones triviales son increíblemente importantes, por lo que antes de meter tu cabeza en un embrollo es importante que te preguntes si esa opción es realmente significativa, si no es así, deja de obsesionarse con ella; y sigue adelante.

Recuerda que una decisión no tiene que ser forzosamente tomada con rapidez y, además de tomar los anteriores consejos en cuenta, nunca está de más poner una balanza los pros y los contras para que quedes totalmente convencido de que te inclinaste por la mejor opción para ti.

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