Lo que comemos nos define y, en muchas ocasiones, las emociones juegan un papel predominante al momento de elegir los alimentos que estarán en nuestro plato. Por ello vale la pena preguntarnos: ¿Estaremos sabiendo seleccionar correctamente, o nos dejamos guiar por impulsos?

El doctor Hugo Laviada, especialista endocrinológo, explica que: “la obesidad no sólo está relacionada con factores genéticos, ambientales, económicos, culturales e inactividad física, pues muchas veces el cómo nos sentimos al comer, puede determinar si nos excedemos, sin darle importancia a la idea de dieta equilibrada”.

Lo que sentimos y lo que comemos no siempre es directamente proporcional

Algunos especialistas en psicología de la alimentación comentan que: El vínculo del ser humano con la comida tiene mucho que ver con entender la manera en la que comemos. Es así que comenzamos a relacionar la tristeza con lo dulce, o ingerir más alimento cuando se está estresado, así como recordar momentos especiales con platillos que nos reconfortan, con ello se puede estar desarrollando comportamientos con los que podemos sentirnos bien momentáneamente, pero no “curamos” del todo lo que experimentamos.

Es por eso que resulta importante, no olvidar que para que exista balance energético se deben equilibrar lo que comemos y bebemos, y la actividad física que realizamos. No podemos permitir que lo que sentimos determine nuestra dieta, o que lo que sintamos nos lleva a comer de menos o de más, si alguna vez te has visto en esta situación, consulta a un especialista.

Recordemos que los horarios no sólo son para acudir a juntas o llegar a tiempo a ver una película, los momentos delimitados para alimentarnos son tiempos que hay que respetar. Tratemos de no omitir comidas, pues al hacerlo sólo nos sentiremos ansiosos o podríamos mostrarnos irritables. Comer de más o a deshoras detona nuestras emociones y nos hace más sensibles.

Para tomar en cuenta:

  • El desayuno es nuestro aliado para que, durante el día, no suframos subidas y bajadas emocionales. Llevarlo a cabo diariamente y de manera equilibrada nos hará estar de mejor humor y con mucha energía.

No olvidemos que las tres comidas diarias deben contener porciones moderadas de proteínas, frutas, verduras y granos enteros. Claudia del Bosque, Gerente de Salud y Bienestar de Coca-Cola de México nos explica, “el Plato del Bien Comer es un esquema de orientación alimentaria, avalado por la Secretaría de Salud (SSA), que agrupa los tres principales grupos de alimentos: verduras y frutas, cereales, y leguminosas y alimentos de origen animal”.  Esta herramienta podemos utilizarla como guía para combinar alimentos que nos proporcionen los nutrimentos necesarios para nuestro bienestar.



Ya hablamos sobre factores como el estrés o la tristeza, que pueden influir en nuestra selección de alimentos y la cantidad en que los consumimos. Para tratar de evitar que esos ataques repentinos que buscan satisfacer los “caprichos” de alguna emoción, te recomendamos tomar en cuenta lo siguiente:

  1. Nada de prohibiciones: Una dieta correcta es la mejor opción. Todo lo que deseamos comer y beber puede estar permitido, pero con moderación. “Mucha gente cree que los carbohidratos que nos proporcionan el pan y la tortilla, o los azúcares son culpables de enfermedades crónicas y no lo son. El verdadero problema es la cantidad en que se consumen y la falta de actividad física”, comenta Carmen Ruiz, Nutrióloga Clínica y en Deporte.
  2. ¿Me lo como o no? Si entre horas, o ante situaciones como ansiedad sentimos necesidad de comer, es bueno detenernos para pensar si lo hacemos por aburrimiento, tristeza o para obtener calma. Ya que identifiquemos si es para obtener tranquilidad, lo más recomendable es buscar alternativas como escuchar canciones que nos relajen, leer algo que nos haga felices o salir a realizar una caminata.
  3. Echa a volar la imaginación: Llegó el momento de preparar esas ensaladas de otra manera, ¡comer no tiene por qué ser aburrido! Combinar alimentos de distintos grupos nos ayuda a nutrirnos de un modo equilibrado. ¿Por qué no probar nuevos ingredientes, sustituir la lechuga por espinaca, el germen de trigo por quinoa y sazonar con aderezos que jamás has probado?
  4. El movimiento es tu mejor aliado: Mantente en movimiento por 30 minutos diarios, comenzando con intervalos de 10 a más minutos e incrementando la periodicidad poco a poco, esto hará que tu cuerpo comience a acostumbrarse al movimiento y comenzarás a sentirte bien. Incluso si estás en la oficina, puedes llevar a cabo varios ejercicios, como los que te compartimos aquí.
  5. Todo a su tiempo: Identificar elecciones saludables para mejorar nuestra alimentación es algo que debe reconocerse. Comenzar nuevos hábitos no es algo que suceda rápido, pero si lo hacemos de manera constante y pensando en esta acción como algo positivo, podemos reforzar la toma de decisiones que beneficien nuestra salud por el resto de la vida.