Desde la prevención de enfermedades hasta la pérdida de peso, pasando por una mejor calidad de sueño, los beneficios de la actividad física son incuestionables y todos pueden tener acceso a ellos, independientemente de su edad, sexo o capacidad.
Además de una dieta saludable, el ejercicio es fundamental para mantenerse en forma, tanto física como emocionalmente. He aquí algunos de sus principales beneficios:
Mejora los huesos y los músculos
El ejercicio no sólo fortalece los músculos, tendones y ligamentos, además de densificar los huesos, sino que también ayuda a combatir el dolor lumbar y la osteoporosis. A ello habría que añadir los programas diseñados para mejorar la resistencia muscular de los adultos mayores, quienes así logran mantener el equilibrio y reducen las probabilidades de sufrir caídas. Aunque no está del todo claro que la actividad física ayuda a prevenir la osteoartritis, se ha comprobado que caminar reduce el dolor, la rigidez y la discapacidad entre quienes la padecen, al tiempo que contribuye a mejorar la resistencia, la movilidad y la calidad de vida en general.
Ayuda a controlar el peso
Con el ejercicio se queman calorías. Cuanto más intensa sea la actividad, más calorías se queman y es más fácil mantener el peso bajo control. Ni siquiera es necesario destinar prolongados periodos para practicar algún deporte. Basta observar algunos de estos tips: subir las escaleras en lugar de tomar el elevador, caminar durante el descanso después de comer, saltar durante los comerciales y, mejor aún, apagar la televisión y hacer una caminata intensa. En pocas palabras, hay que tener presente una sencilla ecuación: para mantener el peso se requiere un equilibrio entre la energía que se gasta y la que se consume.
El ejercicio puede ayudar a las personas obesas o con sobrepeso a perder los kilos de más si lo combinan con una dieta baja en calorías. También puede mejorar su composición corporal, ya que conserva el tejido muscular y aumenta la pérdida de grasa. La actividad física es igualmente efectiva para reducir la grasa abdominal o en "forma de manzana", asociada con un incremento del riesgo de padecer diabetes o enfermedades cardiacas. Además, las personas que hacen regularmente ejercicio tienen más posibilidades de mantener la pérdida de peso a largo plazo.
Incrementa el nivel de energía
¿Sensación regular de cansancio? ¿Se pierde el aliento al cargar las cosas del súper o durante la realización de alguna labor doméstica? La actividad física regular ayuda a respirar con mayor facilidad, dado que aporta oxígeno y nutrientes a los tejidos. De hecho, ayuda a que el sistema cardiovascular funcione de manera más eficiente. Cuando el corazón y los pulmones trabajan bien, se tiene más energía.
Promueve un mejor sue ño
Una noche de sueño reparador puede mejorar la concentración, la productividad y el estado de ánimo, y la clave para dormir más rápido y obtener un sueño profundo reside en la actividad física. No obstante, es preferible ejercitarse durante la mañana, ya que si se hace cerca de la hora de dormir, el organismo puede estar demasiado excitado.
Mejora la salud emocional
Para liberar un poco de presión después de un día agotador, nada como una sesión de ejercicios en el gimnasio o una caminata intensa de 30 minutos.
La actividad física estimula varias sustancias químicas del cerebro que generan la sensación de ser más feliz y estar más relajado. Asimismo, permite a quienes la practican sentirse mejor y, por lo tanto, a incrementar su confianza y autoestima. Incluso ayuda a prevenir la depresión, al grado que puede ser tanto o más efectiva que la psicoterapia. También se ha demostrado que el ejercicio mejora algunos aspectos del funcionamiento mental, como la planificación, la memoria a corto plazo y la toma de decisiones.
Combate las enfermedades cardiaca s
Llevar un estilo de vida activo, con un nivel moderadamente alto de ejercicios aeróbicos, puede reducir las posibilidades de contraer enfermedades cardiacas graves o morir por su causa. Las ventajas son más evidentes en las personas sedentarias que cambian sus hábitos y se vuelven más activas. Caminar con regularidad o montar en bicicleta, entre otras actividades, reducen el riesgo de padecer afecciones cardiacas. También se ha comprobado que el ejercicio ayuda a recuperarse de éstas mediante programas de rehabilitación.
Puede resultar divertido
El ejercicio no tiene por qué ser monótono y, mucho menos, aburrido. Para evitar estos efectos indeseables, una buena idea consiste en hallar una actividad que se adapte a toda la familia. A continuación algunas posibilidades para mantenerse juntos y en movimiento: bailar, escalar una pared, caminar por senderos, jugar futbol o armar un equipo de básquetbol o voleibol.
Fuentes
Clínica Mayo.
Dirección General de Salud Pública de Estados Unidos.
Comité de Pautas Dietéticas, Comité Conjunto del Departamento de Salud y el Servicio Social de Estados Unidos y el Departamento de Agricultura.
Consejo Europeo de Información sobre la Alimentación (EUFIC)